Diez borrachos que estremecieron al mundo

La semana en la que Donald Trump despejó toda duda que quedase sobre su aptitud para ser presidente de Estados Unidos fue la misma en la que el UKIP, el partido populista de la xenofobia inglesa, se delató para cualquiera que no lo hubiese querido ver antes como un club de matones borrachos. El problema es que mientras aún hay tiempo para frenar a Trump, con el UKIP ya es demasiado tarde. El daño está hecho.

Si el UKIP no hubiese existido, no habría habido referéndum sobre la permanencia de Reino Unido en la Unión Europea, no habría ganado el Brexit, la libra esterlina no se habría desplomado, la estabilidad del proyecto europeo estaría menos en cuestión.