Dime qué edad tienes y te diré cómo reseñas a Duki

Hace algunas semanas, en ese mundo tan poco sensual (diría Federico Moura) que es Twitter, Juanchi Baleirón, líder de Los Pericos entre tantos oficios bien habidos, posteó una vieja crítica publicada en la revista Pelo en 1989. La firmaba el hoy literato Rodrigo Fresán, y tenía cierta contundencia en su apreciación (negativa) sobre la banda.

El chiste de Baleirón al recordar aquel escrito (“¡mirá de quién te burlaste!”) estaba lanzado desde el pedestal donde el tiempo cincela acuerdos y provee nuevas perspectivas. Pero entonces, sólo entonces, y si vivías en aquel entonces de fines de los ‘80 Los Pericos, Los Fabulosos Cadillacs y Los Auténticos Decadentes sólo eran tomados en serio por los fans adolescentes. Desde la crítica y el entorno (esto es, los propios colegas ) se consideraba a la adaptación criolla del reggae y al ska (y el pop argento bastardo, en Los Decadentes) una anomalía aborrecible, indigna de esa entelequia llamada rock nacional. El público también se hacía oír en los shows de Ratones y Redondos:“Quiero matar un perico/ quiero matar un ska”, cantaba gente que evidentemente no estaba guionada, pero sí embebida en la atmósfera aquella.