Dónde planea ajustar Mauricio Macri en el 2018

Faltan minutos para las seis de la tarde y desde la cúpula de la Legislatura porteña irrumpen unos atrevidos rayos del sol veraniego. Jorge Telerman, jefe de gobierno de la Ciudad por sólo unos instantes más, transpira sobre el bastón que diseñó Juan Carlos Pallarols. El protagonista de la jornada, entre risas que se esconden bajo su tupido bigote, se abalanza sobre el político calvo, toma el báculo y sonríe para la foto. Mauricio Macri entraba así en la puerta grande de la política nacional en diciembre del 2007. El día del cierre de esta edición, faltaban 72 horas para que esta escena cumpla diez años. No es un dato menor: el actual Presidente y los suyos pasaron toda esa década intentando ganar el indiscutido respeto del círculo rojo, del arco político y del establishment. Recién para el 2017 lo consiguieron, y hoy, rotas esas cadenas, se relamen los labios. Van por todo.

De todas las victorias que consiguió el oficialismo en este año, es esta la que asoma sobre el resto: ya nadie duda de que Macri sea un voraz animal del poder. Incluso desde la vereda de enfrente lo miran con miedo y esa sensación, como decía el filósofo florentino Maquiavelo, es más importante en la política que ser amado. Y ahora, a sus anchas, el oficialismo se prepara para un 2018 que está a punto para cosechar lo que vienen sembrando desde que llegaron a la Casa Rosada. Quizás desde antes.