viernes 2 de diciembre de 2022
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Dos botellas por un millón de euros: así es como el vino se convirtió en el nuevo oro líquido

Tintos, franceses, artesanales y muy añejos, en ocasiones incluso centenarios. Este vendría a ser el retrato robot de algunos de los vinos más caros del mundo. La lista, pese a todo, incluye excepciones a la pauta general. Junto a los preceptivos Borgoña y Burdeos encontramos vinos blancos del Valle del Loira, Cabernet Sauvignon californianos, caldos añejos de la Champaña e incluso algún raro espécimen procedente de la nueva arcadia vinícola, la Australia Meridional. Algunas botellas en concreto pueden convertirse en objetos coleccionables y venderse por auténticas fortunas. Por otras, algunos están dispuestos a pagar con prisión. A comienzos de este mes se robaron del restaurante madrileño Coque botellas de vino por valor de 132.000 euros. Y el pasado año, en el restaurante Atrio de Cáceres, el robo fue más espectacular todavía: 45 botellas por valor de 1,6 millones.

El del vino (delitos aparte) parece un negocio redondo, aunque un tanto azaroso y de ejecución más bien lenta. Compre usted un tinto de Borgoña de una buena cosecha por unos cientos (o miles, mejor no repare en gastos) de euros. No cometa, por supuesto, el grosero error de descorcharlo y bebérselo con un buen plato de jamón de bellota en una tarde de euforia. Tenga paciencia. Póngalo a buen recaudo, asegúrelo incluso a todo riesgo. Consérvelo en perfectas condiciones todo el tiempo de que sea capaz, digamos que 73 años (no olvide, por si las moscas, incluirlo en su testamento). Rece para que el resto de ejemplares de esa añada en particular vayan desapareciendo en el ínterin y que el suyo acabe convertido en uno de los últimos de su estirpe.

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