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sábado 8 de mayo de 2021
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Ecuador: El correísmo se fue, pero su marca será difícil de borrar

Guillermo Lasso, guayaquileño, banquero y conservador, ganó las elecciones presidenciales en Ecuador. Con su victoria puso fin a 14 años de gobierno de Alianza País, el movimiento político que llevó a Rafael Correa a la presidencia en 2006 y lo sostuvo durante una década para, luego, darle la victoria a su heredero político, Lenín Moreno, quien pronto provocaría su implosión.

Con 99% de las actas escrutadas, la diferencia entre ambos candidatos es de cinco puntos: Lasso 52.36% y Arauz 47.64%. La noche de las elecciones, el domingo 11 de febrero, el discurso con el que Arauz aceptó la derrota dio por zanjada la espera que deberá oficializarse con las declaraciones del Consejo Nacional Electoral (CNE) previstas para el miércoles 14 de abril. Ecuador tiene ya un presidente electo y Correa, a regañadientes, tuvo que aceptar que no es su candidato, sino su rival.

Las especulaciones sobre qué tanto influiría Rafael Correa en un eventual gobierno de Arauz terminaron también para dar paso a la discusión sobre la influencia que tuvo Correa durante su campaña. Mientras en la primera vuelta Arauz tuvo que mimetizarse con la imagen del expresidente para llamar al voto duro —ese que, decían los correístas, sería suficiente para ganar en primera vuelta—, en la segunda fue evidente la necesidad de tomar distancia del caudillo. Arauz debía apelar a un voto moderado, dispuesto a comulgar con ideas más bien progresistas pero al que la sombra de Correa le despertaba los peores temores sobre buena parte de lo que fue su gobierno: persecución a la prensa, críticos y opositores; ataques a las organizaciones y líderes sociales; injerencia del Ejecutivo en la justicia. A la vez, Arauz no podía tomar distancia de aquel personaje que se alimenta del recuerdo de cuando fue gobierno.

washingtonpost.com  (www.washingtonpost.com)