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sábado 23 de octubre de 2021
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EE.UU.: Las primarias de los multimillonarios

En 2012, Barack Obama y Willard Mitt Romney destinaron, cada uno, alrededor de 1.000 millones de dólares para la financiación de su propia campaña presidencial. El multimillonario neoyorquino Donald Trump, en lugar de entregar su óbolo a un candidato, ha decidido entrar él mismo en el juego: “Gano 400 millones de dólares al año, así que ¿cuál es la diferencia?”. Ya en 1992, otro multimillonario, Ross Perot, prometía “comprar la Casa Blanca para entregársela a los estadounidenses que ya no se pueden pagar una”.

Probablemente, Trump también va a fracasar, pero no sin haber explicado, a su manera, el funcionamiento del sistema político estadounidense: “Soy un businessman. Cuando [los candidatos] me llaman, yo hago donaciones. Si dos o tres años más tarde necesito algo, los llamo y ellos están ahí para mí”. Hillary Clinton, ex senadora de Nueva York y candidata para las primarias demócratas, también estuvo “ahí”: “Le dije que viniera a mi boda y lo hizo. ¿Saben por qué? Yo había donado dinero a su fundación”. Para conseguir un presidente incorruptible, sugiere Trump, hay que elegirlo de la lista de los grandes corruptos.

En 2010, una sentencia del Tribunal Supremo eliminó la mayoría de las restricciones a las donaciones políticas (1). Desde entonces, las grandes fortunas exhiben sin pudor sus favores. Para explicar la cantidad, sin precedentes, de candidatos republicanos a la Casa Blanca (diecisiete), The New York Times señala que casi todos pueden contar “con el apoyo de un multimillonario, lo que significa que su campaña ya no está relacionada realmente con su capacidad para recaudar fondos dirigiéndose a los electores”. John Ellis (“Jeb”) Bush ya ha redefinido la naturaleza de los “pequeños donativos”. Para la mayoría de los candidatos, es menos de 200 dólares; para él, menos de 25.000 dólares…

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