El abuso de F5 en las noticias

Como en un bucle sin final o como en una sala de espejos el periodismo se ha acostumbrado a verse a sí mismo, a buscarse a sí mismo para hablar de sí mismo. Sí, como decía Pascual Serrano: «El periodismo es noticia». Y parece encontrarse cómodo en esa dinámica. Se habla de las mil y una crisis que vive el oficio: falta de fondos, injerencia política y privada, falta de credibilidad, falta de tiempo para crear reportajes de interés, falta de adaptación a los nuevos soportes… Pero a pesar de todo se siguen produciendo noticias como churros. Todos los días salen hasta los quioscos periódicos con cuarenta o cincuenta páginas repletas de noticias; todos los días se emiten en televisión al menos tres informativos con sesenta minutos repletos de noticias; los portales informativos de internet se actualizan en tiempo real, haciendo incontables el número de noticias que aparecen a lo largo del día en la página web de los principales medios de comunicación.

A tenor de estos datos, evidentemente, no se puede decir que el periodismo esté en crisis. Es obvio, existirá periodismo mientras exista el mundo porque siempre habrá algo que contar. La realidad misma es la que crea al periodismo, que como profesión, sí es posible que no esté atravesando su mejor momento. La producción y elaboración de esa información se debe remunerar, y más si es de calidad. Lo contrario de lo que ocurre hoy en día. Ese es el problema que debe resolver el periodismo si no quiere convertirse —o permanecer— en un mero instrumento de las grandes corporaciones para ayudarlas a promocionarse o a vender sus productos. Pero eso es otro tema.


Eres, despidos, más despidos y cierres de cabeceras están provocando una masiva aparición de nuevos medios digitales —e impresos— por parte de todos esos periodistas que se han quedado de pronto en la calle sin saber dónde volcar aquello para lo que se han preparado durante toda su vida: contar historias. Estos medios, con más o menos acierto, vierten en la red otro incontable número diario de noticias llegando a saturar a los consumidores creando esa nueva «censura» por saturación que ya definió Ignacio Ramonet en su libro La tiranía de la comunicación.

Para los periodistas la sombra de la crisis es la de un monstruo que nos obliga a producir y producir cada día más con el objetivo ya no de vender más periódicos, sino de atraer más visitas que engorden las estadísticas de usuarios con las que llegarán más anunciantes y, con ellos, más fondos. Ese monstruo que persigue a los que conservan sus puestos de trabajo y a muchos de los que han creado uno nuevo les hace correr sin detenerse, temerosos de que les alcance de nuevo o por primera vez. Pero quizá esa huida hacia adelante, esa imperiosa necesidad de producción, sea el error. Quizá lo que se necesite para vencer a ese monstruo sea detenerse y hacerle frente con las armas de las que disponen los buenos periodistas: la paciencia, la constancia, la reflexión, la honestidad y esa palabra mágica que tanto cuesta encontrar: la verdad.