jueves 19 de mayo de 2022
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El ajedrez de Cristina: la doble foto con Stanley y las tesis cruzadas sobre el 2023

Laura Richardson, la generala que jefa del Comando Sur del ejército de EEUU, no se verá con Alberto Fernández. En otro contexto, sería una no noticia porque por el cargo que ocupa sus audiencias son a nivel ministerial y, por eso, no corresponde -ni es habitual- que se vea con presidentes. Cuando Craig Faller, al antecesor de Richardson, estuvo en Buenos Aires en abril del 2021 fue recibido por Agustín Rossi, el ministro de Defensa pero no se reunió, y no hubo en eso ninguna anomalía, con ninguno de los Fernández. Ni con Alberto ni con Cristina.

¿Dónde nace, entonces, el ruido por la determinación de Cristina de aceptar la invitación de Richardson que no fue azarosa ni por spam? La novedad, más allá de que lo hace la vice tiene per se una relevancia que excede su cargo, radica en el movimiento de la vice, a partir de hechos conocidos, para recomponer, al menos en el relato público, su relación institucional con Estados Unidos.

A simple vista, sobre la certeza de que la vice no es silvestre ni espasmódica, sus movimientos operan sobre su propia galaxia política porque, aunque con tensiones y capítulos críticos, la relación institucional entre las dos administraciones de Fernández y Biden no parece requerir la intervención de Cristina.

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