lunes 26 de septiembre de 2022
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El ajuste de Massa amenaza la defensa de Cristina

El ajuste fiscal más ambicioso que haya instrumentado hasta ahora el Frente de Todos -que además de la suba de tarifas para reducir la carga de subsidios incluyó recortes sobre partidas sensibles como el plan Conectar Igualdad, la infraestructura de jardines de infantes y los créditos subsidiados para Pymes- pasó prácticamente inadvertido en medio del vendaval político que desató el pedido de 12 años de prisión para Cristina Kirchner por el presunto direccionamiento de la obra pública en Santa Cruz. La vehemencia del alegato del fiscal Diego Luciani y la endeblez de sus pruebas para vincularla con los hechos de corrupción investigados no sólo le sirvieron a la vicepresidenta para denunciar una persecución en su contra y alinear detrás suyo a todas las tribus del peronismo. También le ahorraron el pago de costos por su pacto con Sergio Massa para relanzar la gestión. Sería una carambola perfecta, si no fuera porque su defensa política ante la avanzada tribunalicia se basa precisamente en identificarse con todo lo contrario a las políticas que el nuevo ministro de Economía empezó a desplegar por su cuenta y orden.

El invaluable servicio de Luciani, que empañó en parte Alberto Fernández al compararlo por TV con el difunto Alberto Nisman, difícilmente alcance para que la imagen de Cristina salga indemne del ajuste. La vice procura anclarse en el período 2003-2015, al punto de haber dicho en su defensa que el fiscal pidió un año de prisión “por cada año del mejor gobierno que tuvo la Argentina en las últimas décadas”, obviando mencionar los casi tres que ya compartió con Fernández. Pero el paso al frente que dio al empoderar a Massa y el rol político de conducción que asumió este año, muy distinto del bajo perfil que cultivó hasta la derrota en las elecciones, le complica a futuro esa diferenciación.

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