viernes 14 de diciembre

El algoritmo de Facebook mete la cola en la política argentina

Pompa y circunstancia, en la audiencia conjunta de los comités de Asuntos Jurídicos y Comercio, Ciencia y Transporte del Senado estadounidense. Preside la sesión Charles Grassley. Este senador republicano de la vieja guardia golpetea el martillo mediante un ínfimo movimiento del antebrazo y unos treinta fotógrafos dejan de apuntarle a Mark Zuckerberg. El creador de Facebook, quien acaba de pasar por la peluquería para delinear su corte de pelo, luce apichonado.

Más de cinco horas duró el interrogatorio del 10 de abril. Acaso fue la primera vez en la vida adulta de este hombre poderoso que alguien lo retuvo allí sentado, sometido a preguntas, sin mirar sus Whatsapp, ni su Facebook, ni su Tinder, ni su Grindr; apenas destapando y tapando su botellita de agua mineral. Tantas veces que Zuckerberg tiene a la gente horas y horas a su merced, revelando como poseída datos de su intimidad, que él acumularía para luego comercializar por centenares de millones de dólares, y ahora estaba allí, pidiendo clemencia.


Zuckerberg había sido descubierto in fraganti por la filtración de un arrepentido sobre cómo Cambridge Analytica, una usina de campañas sucias, había utilizado datos privados de 87 millones de personas vertidos en Facebook para incidir en resultados electorales; por ejemplo, los que consagraron presidente a Mauricio Macri en 2015 y a Donald Trump en 2016.

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