martes 11 de diciembre

El ambicioso plan de “The New Yorker” para duplicar el número de suscriptores

“No infravalorarnos a nosotros mismos”. Esta es la principal lección que han aprendido los responsables de ‘The New Yorker’ en los últimos años. La necesidad de poner en valor esta histórica publicación les llevó a aumentar los precios de las suscripciones, superando el temor a que los lectores les abandonaran. La estrategia resultó ser todo un éxito y ahora aspiran a mucho más. El cielo es el límite.

Pocas publicaciones en el mundo pueden permitirse el lujo de subir los precios de sus suscripciones sin que afecte en mayor o menor medida a su base de lectores. Pero aún es más difícil que la consecuencia de encarecer el producto sea un aumento en el número de abonados. No intenten hacerlo en sus empresas: solo es un movimiento apto para un medio de la categoría de ‘The New Yorker’.


La prestigiosa cabecera neoyorquina derribó su muro de pago en 2014. Tan solo cinco meses después, decidió reabrirlo y experimentó un importante aumento en el tráfico web y en el número de suscriptores. A partir de ese momento, los responsables de la publicación infirieron que si la audiencia había mostrado su intención de pagar por un buen producto, tampoco tendría inconveniente en realizar un esfuerzo económico mayor por acceder a esos contenidos. A pesar del vértigo que causaba cobrar una suma de tres cifras por las ediciones impresa y digital, finalmente el equipo directivo se animó a alcanzar los 100 dólares en 2016 al comprobar que había un ambiente favorable entre los jóvenes a pagar por servicios como Netflix o Spotify.

Como ya ocurriera en 2016, los lectores han respondido muy bien a una nueva subida de precio. Tras aumentar un 20% el coste del paquete impreso y digital, la circulación total pagada aumentó un 12,3% el año pasado, hasta sumar 1,2 millones de personas. Hoy los lectores aportan el 65% de los ingresos, mientras que en ‘The New York Times’ ese porcentaje “solo” llega al 60%, informa ‘Digiday’.

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