El apetito interminable por los videos violentos en internet

El video de las ejecuciones de la mezquita de Christchurch muestra el asesinato de personas inocentes desde la perspectiva del atacante, quien lo utilizó para divulgar sus motivaciones racistas y su cosmovisión genocida. La grabación también tenía esa intención: que se propagara. Esta fue una de las razones por las que la red social no pudo eliminar rápidamente el video de su plataforma, según explicó Facebook, la página que eligió el asesino como medio de transmisión.

“En las primeras veinticuatro horas eliminamos 1,5 millones de videos del ataque globalmente, de los cuales más de 1,2 millones se bloquearon al cargarse”, señaló Facebook públicamente el 16 de marzo. El 20 de marzo, la compañía detalló sus esfuerzos y explicó que los sistemas de “cotejo de contenido” y la inteligencia artificial existentes no habían podido detener la propagación del video porque el contenido se había transformado muchas veces. (La empresa también reconoció las críticas que señalaban que debió realizar un mejor trabajo).


Facebook puede explicar por qué un video como ese no está permitido en su plataforma y la manera en que lo eliminaron. Tal como lo hizo, puede señalar que la culpa es de “actores nocivos que se coordinan” y buscan volver a compartir el video con tantas personas como sea posible. Sin embargo, otras explicaciones muestran que la empresa también se vio afectada por un grupo mucho más grande y menos organizado: los usuarios de Facebook detrás del resto de esos 1,5 millones de videos (la gente que, como lo dijo la empresa, pudo haber estado “grabando las transmisiones en televisión, capturando videos desde sitios web, grabando pantallas de computadoras con sus celulares o simplemente compartiendo un video que recibieron”).