domingo 2 de octubre de 2022
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El atentado a CFK y la guerra que ya llegó

La historia que leerás a continuación surge de una pesquisa que recién comienza, motivo por el cuál avanzaremos en puntas de pie. En este primer artículo presentamos una serie de hechos sin conexión lineal pero que contienen una propuesta concreta: inscribir el intento de magnicidio que tuvo lugar el 1 de septiembre en Buenos Aires en el contexto geopolítico abierto el 24 de febrero por la guerra en Ucrania.

Ha sido probado que Fernando Sabag Montiel no era un electrón suelto. Integra un grupo que venía planificando desde abril el atentado contra la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner. Y ese agrupamiento se inserta en las redes de ultraderecha que en los últimos años no han cesado de expandirse a nivel global. También sabemos que el personaje profesa la ideología neonazi y entre los tatuajes que porta en su cuerpo hay un símbolo conocido como “el sol negro”, empleado por diversas tribus reaccionarias contemporáneas. Por ejemplo, esa imagen aparece en el escudo original del Batallón Azov, milicia neonazi ucraniana surgida en mayo de 2014 para combatir contra las tropas que proponían la anexión de la República Popular de Donetsk a la Federación Rusa.

Abramos una ventana: en el año 2000, el millonario ruso Alexander Katunin visitó por primera vez la Argentina. Pronto comenzó a enhebrar un enjambre de empresas en alianza con algunos personajes de la élite local que diseñaron una plataforma de aterrizaje para sus inversiones. Gracias a estas “sociedades pantalla” el ruso compró varias propiedades en la Patagonia, entre ellas un campo de miles de hectáreas en el Lago Rosario, provincia de Chubut. Los compinches argentinos del oligarca tienen algo en común: la pertenencia al colegio Champagnat y a su club de rugby. Algunos de ellos serían pocos años después funcionarios del gobierno macrista. Entre 2008 y 2012, Katunin recibió un crédito por 180 millones de dólares del banco ruso VTB, cuya mayoría accionaria es estatal. Pero nunca devolvió ese préstamo. La entidad bancaria se sintió estafada, desplegó una auditoría y denunció que una parte del dinero había ido a parar a la Argentina. El ruso tiene un socio ucraniano. Se llama Serguei Taruta. Es empresario y político. En marzo de 2014 asumió como gobernador de la provincia de Donetsk. Varios prestigiosos medios aseguran que financió al Batallón Azov. Hoy es diputado nacional por la ciudad de Mariupol.

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