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domingo 27 de septiembre de 2020
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El autoritarismo sin poder

Hay una especie de principio general, de regla o de creencia que ha dominado al kirchnerismo a lo largo de la experiencia que trascurrió entre el año 2003 y 2015 y que opera mucho en ese grupo político igual que lo hace en otros grupos políticos de la región. La idea de que, si uno mira en el fondo de la vida pública, lo que manda siempre es la política. Es decir, lo que ordena la realidad, lo que configura el cuadro es la voluntad del que manda.

No hay ninguna zona de la realidad, ninguna dinámica de la vida pública que no pueda ser modelada por el poder. Por lo tanto, el monto de poder que se tenga permite correr, ignorar o admitir determinados límites institucionales, sociales, económicos, físicos. Esta ley, a pesar de que domina el pensamiento kirchnerista, en el caso Vicentin fue olvidada. Hubo un olvido de la política y quedó demostrado el sábado con el nivel de movilización que hubo, sobre todo, en la provincia de Santa Fe.

Podríamos recordar la famosa consigna del asesor de Bill Clinton durante su primera campaña electoral, como clave para triunfar en las elecciones: «Es la economía, estúpido». Pero, en este caso diría: «Es la política, estúpido». En las primarias del 11 de agosto, en Santa Fe, Alberto Fernández y Cristina Kirchner se impusieron con el 44,29% por sobre Macri, que sacó el 34,31%. Sin embargo, en las elecciones generales, Macri mejoró 9,5 puntos y terminó ganando la provincia por 43,50% contra 42,64%. Este es un dato principal, porque si uno mira el mapa de colores del voto aparece el amarillo recostado sobre el oeste santafesino, y se extiende hacia Córdoba, hacia parte de Entre Ríos, norte de la provincia de Buenos Aires, región donde hay una sociología que no comulga con el kirchnerismo, ligada a la producción agropecuaria. Esta parte de la Argentina tiene muy vívida la memoria del enfrentamiento del kirchnerismo con el sector agrario en 2008.

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