viernes 2 de diciembre de 2022
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El avance de la extrema derecha en Europa hace peligrar el apoyo de los aliados a Ucrania

En su discurso por videollamada ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, la semana pasada, el presidente ucraniano Volodimir Zelensky fue muy claro sobre el desenlace de la guerra: descartó hacerle concesiones al Kremlin, pidió más ayuda militar para que la bandera de Ucrania vuelva a flamear en la integridad de su territorio y reclamó que la comunidad internacional castigue a Rusia por la invasión de su país y por las supuestas atrocidades que sus fuerzas han cometido desde entonces.

“Rusia se verá obligada a poner fin a esta guerra que ella misma empezó”, dijo Zelensky. “Descarto cualquier posibilidad de un acuerdo sobre otra base”.

Finalizada su alocución, el presidente ucraniano recibió una inusual ovación de pie, señal de la solidaridad global con su causa. Más allá de la frustración de Kiev por las ambigüedades de los países del mundo “no alienado”, muchos de los cuales siguen manteniendo relaciones amistosas con Moscú a pesar de la guerra, el gobierno ucraniano tuvo justificadas razones de entusiasmo cuando escuchó a numerosos diplomáticos despacharse duramente contra Moscú en las Naciones Unidas. El recelo hacia Moscú terminó de profundizarse tras la escalada de la semana pasada, cuando el Kremlin dio luz verde a la realización de “referéndums” farsescos e ilegales en las regiones ocupadas de Ucrania y anunció la movilización parcial de unos 300.000 reservistas rusos.

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