El balcón, la grieta y el modelo: crisis interna en el zénit del default

El presidente Mauricio Macri y el candidato presidencial del Frente de Todos, Alberto Fernández, hablaron dos veces en el último mes. Pero sus equipos técnicos tienen más contacto de lo que se comunica. Desde que desembarcó Hernán Lacunza en Hacienda, en esa cartera hay vínculo fluido, al igual que con los ministerios más políticos. Cuentan los que frecuentan a ambos que el quiebre de la paz -paz que parece haber regresado- se dio cuando cambió el semblante del Presidente en el balconazo del sábado ante una Plaza de Mayo colmada por una multitud que se congregó a darle apoyo tras la derrota amplia que sufrió en las PASO. Fue de la depresión y la angustia a un entusiasmo total. “Tiene ganas de pelear, de competir”, relatan los consustanciados con la remontada histórica. Admiten, también, que forzó a la oposición a que jugara cartas en favor del acuerdo con el Fondo Monetario (FMI), algo que nadie aceptó por cuestiones lógicas.

El gesto del balcón generó reacciones adversas en la tropa propia y el Círculo Rojo. Los empresarios, incluso los que apoyan a Cambiemos, dicen por lo bajo que “una cosa es la convocatoria de la gente y otra, Mauricio yendo un día no laborable a la Casa Rosada”. Justo cuando esperaban una transición ordenada, la apuesta simbólica detonó cualquier posibilidad de normalidad. El resto lo hizo Fernández y el explosivo comunicado emitido tras la reunión con el organismo internacional.