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lunes 27 de septiembre de 2021
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El bolsonarismo apunta sus armas contra los sacerdotes progresistas en Brasil

Monseñor Vicente, fray Lorrane, padre Júlio, fray José Hélio, padre Lino, padre Leonardo. No pueden quedarse solamente dentro de los muros de la Iglesia. En nombre de Dios, llevan el evangelio a los más pobres y oprimidos. Reparten alimentos y acogen a personas en situación de vulnerabilidad. Su fe trasciende los sacramentos y se convierte en denuncia: contra las desigualdades, los desastres medioambientales, el derecho a la vivienda o la inclusión de las minorías. Son sacerdotes, frailes y obispos impulsados por la Iglesia que el papa Francisco intenta fortalecer desde el Vaticano, una corriente más progresista, cercana a las comunidades, forjada en los principios de la Teología de la Liberación y latinoamericana.

Pero esta corriente choca frontalmente con el Brasil conservador y fundamentalista que eligió al presidente ultraderechista Jair Bolsonaro. El presidente que ya calificó de “limosna” el programa de ayuda Bolsa Familia por presuntamente crear una legión de holgazanes, o que dijo que la población de los quilombos (nombre de los antiguos refugios de los esclavizados y sus descendientes) “ya no está en condiciones de procrear”. La confrontación con ideas como estas ha generado turbulencias que exponen la división dentro de la Iglesia católica brasileña, empujada a la autorreflexión a medida que se le van los fieles a las vertientes evangélicas. Según el último censo disponible, en 2010, el 64,6% de los brasileños se declaraba católico, frente al 73,6% del año 2000. Los evangélicos, por su parte, pasaron del 15,4% en 2000 al 22,2% en 2010. Las proyecciones muestran que el avance evangélico continúa, y con él, la predicación conservadora.

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