lunes 18 de junio

El canon y el fanatismo

A veces no es suficiente que algo te encante. Tienes que tomar ese algo —un álbum, un autor, una canción, una película, un programa de televisión— y hacer algo más que solo sentir el encanto. Debes colocarlo más allá de la pura adoración. Debes tomarlo, envolverlo en plástico o colocarlo sobre un pedestal. Necesitas protegerlo bajo un domo rodeado por un campo de fuerza para que las sucias manos de los demás, sus opiniones y las fanaticadas menos dignas no lo mancillen ni le falten al respeto. No solo debes certificarlo, sino también impedir su descertificación. Básicamente, debes convertirlo en algo canónico, en el canon.

La palabra no se originó en internet, pero es del internet y del sector de debates antidiscursivo. Posiciona a una obra, persona o idea más allá de la desaprobación. Resuelve el debate con anticipación. Eso, por supuesto, es lo que es el canon: algo establecido. Es reglas y normas instauradas. Es los textos de la Biblia. Es los santos católicos aprobados. Es Jane Austen, The Beatles, Miles Davis, Andy Warhol y Beyoncé.


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