domingo 23 de septiembre

El caso Lula expone a un Brasil desquiciado por la politización de su Poder Judicial

El insólito domingo de superacción en Brasil, con un país en vilo ante una guerra de competencias sin precedentes entre jueces y con la libertad de Luiz Inácio Lula da Silva, el hombre más amado y más odiado de ese país, en juego fue el producto de una puja que, por encima de todo su contenido jurídico, es ante todo eminentemente política.

Como se sabe, el juez Rogério Favreto, del Tribunal Regional Federal de la 4ª Región sorprendió al aceptar un recurso de habeas corpus presentado por tres diputados del Partido de los Trabajadores en favor del expresidente, quienes reclamaron que aguardara en libertad hasta el agotamiento de sus recursos. Todo fue oportuno: el hombre, un exfuncionario de los Gobiernos de Lula, estaba justamente de turno para recibir el pedido.


Poco después, el juez federal Sérgio Moro, responsable de la operación Lava Jato desde su juzgado de Curitiba, estado de Paraná, hizo saber que Favreto es “totalmente incompetente” para entender en una cuestión que, opinó, ya fue zanjada por el propio TRF4 y por el Supremo Tribunal Federal (STF), que ya habían rechazado recursos similares.

La curiosidad es que Moro, además de estar de feria, es un juez de primera instancia que pretendió desconocer la decisión de un juez de alzada. Pero eso, elocuente acerca del caos que impera en la Justicia brasileña, fue solo el movimiento perceptible de una jugada más ambiciosa que implicó la movilización de todos los recursos que la Lava Jato tiene diseminados hacia arriba, hacia abajo y hacia los costados (Policía Federal, Procuración) del sistema.

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