jueves 26 de mayo de 2022
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El club de los arrepentidos K

El kirchnerismo residual está de capa caída. Y no es para menos. El escándalo que desató el revoleo en un convento de los bolsos millonarios del exsecretario de Obras Públicas y hombre de confianza del ex matrimonio presidencial, José López, se llevó puesto, como un tsunami, al ya maltrecho relato de la era K. Y dejó un tendal de arrepentidos de último minuto entre políticos, artistas, intelectuales y periodistas militantes que seguramente se irá engrosando a medida que la Justicia termine de correr el velo que cubre el rostro más oscuro de la «década ganada»: el de la obscena corrupción. Porque hasta acá, convengamos, para los militantes a ultranza del modelo Nac&Pop todo tenía una razón, un argumento contrafáctico o alguna teoría conspirativa siempre tirada de los pelos que, en nombre de la defensa de la «epopeya kirchnerista», justificaba lo injustificable o desafiaba a la más incontrastable realidad. Pero, claro, las insólitas troperías de López en el convento agotaron el manual de excusas, y los bolsos cargados de billetes mal habidos les explotaron en la cara con la contudencia de la pero bofetada.

El primero en «quebrarse», tras el cinematográfico episodio de Lopecito fue el periodista ultra K Diego Brancatelli, «harto» de tener que justificar casi a diario desde el panel de Intratables, los chanchullos de Jaime, Lázaro, Boudou, De Vido… y siguen las firmas. «Es un día triste, un día de indignación, de bronca, de repudio absoluto», se despachó, compungido. «Este es mi límite», lanzó.

El actor Pablo Echarri, famoso al igual que su mujer Nancy Duplaá por su mirada «romántica» sobre la década kirchnerista, lo siguió, desgarrado: «Es un hecho más que desafortunado, más que lapidario, y que es violento para nosotros: hemos puesto en peligro nuestro patrimonio, que es el cariño de la gente. Es un hecho bisagra, un golpe fortísimo», concedió, para luego llamarse a silencio.

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