El cómic se expande como herramienta periodística

El fotorreportero es abandonado por sus guías bajo la nieve. Se queda a solas con su caballo. No pueden detenerse porque se congelarían. Durante cinco páginas las siluetas de ambos se van oscureciendo hasta ser dos manchas negras sobre fondo gris, acompañadas por unas palabras de despedida. “Cojo el veinte milímetros, un gran angular, para poder encuadrar desde el suelo”, leemos. “Que sepan dónde he muerto”. Una fotografía en blanco y negro del caballo. Y otra más. Y una tercera. Como un adiós en tres tiempos. Y, después, una instantánea en doble página de ese paisaje desolado y tormentoso: la última mirada.