El conflicto que viene no es ideológico

El mapa de una Argentina dividida entre Peronia y Chetoslovaquia es ingenioso y mentiroso a la vez. Es cierto que Córdoba es muy macrista y Formosa muy kirchnerista, pero en la mayoría del país las dos hinchadas coexisten. Las últimas elecciones fueron las más nacionalizadas desde los años 80: los resultados de cada partido fueron homogéneos en todo el territorio. El Frente de Todos metió legisladores en todos los distritos; Juntos por el Cambio, en casi todos; Consenso Federal, en casi ninguno. La grieta unificó al país.

La grieta también unificó a los partidos. Cuando una competencia es pareja, el que se divide pierde. La creación de Cambiemos fue la respuesta inteligente ante la fortaleza kirchnerista; la unidad del peronismo fue la respuesta inteligente ante la fortaleza cambiemita. Los aciertos del rival nos fuerzan a ser mejores. El renacido bipartidismo argentino es producto de las PASO y del aprendizaje democrático, no de la casualidad.

Pero el bipartidismo vive en el electorado, no en la dirigencia. Ante el ciudadano se presentan dos boletas, pero esas boletas agrupan partidos o facciones muy diversas. El Frente de Todos junta al mundo del salario, representado por los sindicatos, con el mundo del subsidio, representado por las organizaciones sociales. Juntos por el Cambio amontona a quienes rechazan al peronismo por su componente autoritario con quienes lo rechazan por su componente popular. La estabilidad de cada alianza dependerá de la habilidad propia y de la sobrevivencia ajena.