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miércoles 27 de octubre de 2021
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El consumo irónico, un síntoma de época

Imaginemos una escena: un hombre se sienta en el sillón de su casa, prende la televisión a medianoche, sintoniza Animales sueltos y tuitea un comentario ácido sobre lo que está viendo. Recibe varias respuestas -sarcásticas, obvio- y se envalentona con nuevos chistes sobre el programa y su conductor, creando así un live commentary tuitero sobre algo que está consumiendo, pero no tal como su propuesta original pretende, sino «desde otro lugar».

Segunda escena, más breve: una señorita camina por Palermo Soho, con anteojos negros, café en la mano y una remera estampada con una foto de Britney Spears con su cabeza afeitada.

Tanto en redes sociales como en la calle misma, el consumo irónico fue ganando espacio y definiendo una manera que encontraron jóvenes (y no tanto) de relacionarse con los productos que definen la era en la que les toca vivir. En su libro No Logo (2001), Naomi Klein dedica un capítulo a analizar un nuevo fenómeno mediante el cual, los adolescentes habían encontrado un atajo para relacionarse con una cultura impuesta a la fuerza por el mercado global, sin por eso perder la autenticidad; en vez de rechazar el consumo lo incorporaban a su vida, pero remarcando su independencia intelectual: «Voy a comer tu hamburguesa, pero sé con qué ingredientes está hecha».

lanacion.com.ar  (www.lanacion.com.ar)