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lunes 26 de octubre de 2020
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El coronavirus ha destapado otra pandemia que beneficia a los ricos: la de la pobreza

De repente, la pobreza se ha vuelto noticia. Es imposible no ver el impacto absolutamente desproporcionado que el coronavirus está teniendo entre la gente pobre y marginada. Cientos de millones de personas abocadas al desempleo y a la miseria. Con un apoyo insuficiente en la mayoría de los casos, aumentan el hambre, la falta de vivienda y los trabajos peligrosos.

¿Cómo puede ser que el relato haya cambiado de la noche a la mañana? Hace tan solo unos meses muchos celebraban el inminente fin de la pobreza y ahora el problema está en todas partes. La explicación es simple: los líderes mundiales, filántropos y expertos llevan diez años con una narrativa engañosamente optimista sobre el progreso en la lucha mundial contra la pobreza. Han dicho que es uno de los «mayores logros de la humanidad», una hazaña «inédita en la historia de la humanidad»; y un logro «sin precedentes». Pero la historia de éxito siempre ha sido muy engañosa.

Como muestro en mi informe final como relator especial de las Naciones Unidas sobre extrema pobreza y derechos humanos, casi todas estas cuentas se basan en el umbral internacional de la pobreza del Banco Mundial de 1,9 dolares al día. Esta medición, mal comprendida y defectuosa, pinta un panorama erróneamente positivo y es la responsable de la indebida y peligrosa complacencia con el statu quo.

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