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martes 11 de mayo de 2021
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El coronavirus llegó al poblado más al sur del mundo y, paradójicamente, revitalizó su cultura y su economía

El 21 de marzo de 2020 se registró el primer contagio de coronavirus en Puerto Williams, una pequeña ciudad chilena conocida por ser el centro urbano más al sur del mundo y en la que desde hace 7.000 años habita el pueblo indígena yagán. Dos días después, las autoridades cerraron las fronteras marítimas y aéreas, redujeron la actividad económica a lo esencial y ordenaron confinamientos estrictos. Las restricciones ayudaron a revitalizar algunas prácticas culturales ancestrales que desde hace tiempo estaban en peligro, como las artesanías y el idioma originario. La cuarentena también ayudó a fortalecer los lazos intergeneracionales para que los niños y jóvenes se volvieran a sentir identificados como indígenas. Así lo ha revelado una investigación publicada recientemente en Maritime Studies, una de las revistas científicas más importantes en el mundo en el ámbito de las ciencias sociales y las humanidades.

El estudio documentó las formas de vida de los 94 miembros de la comunidad yagán en Puerto Williams durante los meses más duros de la pandemia. Gustavo Blanco, profesor del Instituto de Historia y Ciencias Sociales de la Universidad Austral de Chile y autor principal del trabajo, cuenta que el confinamiento fortaleció la relación entre los líderes más mayores de la comunidad y las nuevas generaciones. Esa comunicación ayudó a “retomar prácticas de artesanía de fibra y de palma que estaban decayendo”, dice Blanco. “Cuando te toca quedarte meses encerrado en casa tienes la oportunidad de conocer partes de tu cultura que se están perdiendo y ver cómo las recuperas”.

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