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domingo 26 de septiembre de 2021
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El coste de abrir un negocio en cada país del mundo, explicado en estos mapas

Durante los años más duros de la crisis, una corriente de pensamiento se hizo hegemónica en algunos sectores de la opinión publicada: España necesitaba más emprendedores. Los males económicos del país, se argumentaba, provenían en buena medida de una mentalidad conformista. Los españoles tenían una preferencia desfasada por el empleo público y el trabajo asalariado. El futuro residía en la innovación, en la inversión, en emprender. En crear empresas de la nada, como Amazon o Apple.

De la tesis a la práctica: si este era el camino, ¿por qué se ignoraba? El corolario de la línea argumental apuntaba a las innumerables trabas administrativas y financieras que la burocracia española, siempre tan celosa y tediosa, imponía a sus jóvenes emprendedores. Durante años brotaron tribunas y artículos recalcando que España era uno de los países donde «montar una empresa» era más caro. Si no se facilitaba el emprendimiento, ¿cómo podía el joven español aspirar a dejar su cómodo y aburrido puesto en el ministerio para montar el próximo, glups, Glovo?

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