El debate y las estrategias del poder

Es un lugar común decir que la Argentina vive en una eterna crisis política, que la política es una actividad con enormes deficiencias que queda demostrado en crisis, en repudios y en descontentos cada vez más frecuentes.

Se suelen asociar estas crisis con problemas económicos o de corrupción. Sin embargo, hay otros rasgos que explican por qué la actividad política se ha deslegitimado. Por ejemplo, la forma en que se vota es primitiva, con sospechas de fraude que están justificadas en un método que requiere de miles de personas fiscalizando. Se habla de la extravagancia política que prospera entre nosotros, donde en las primarias un candidato compite contra sí mismo. Y anoche [por antenoche] tuvimos otro rasgo de las deficiencias de la política que tiene que ver con las reglas del debate.


Es evidente que un debate en donde la mayor cantidad de tiempo asignado a cada uno de los candidatos es de dos minutos está pensado para que nadie pueda terminar de formular una idea correctamente. Por supuesto, nadie puede debatir con nadie en ese tiempo. Y lo más interesante es que esas reglas son fijadas así por exigencia de los mismos candidatos, que no quieren expresar ideas demasiado complejas, que no se tienen confianza a sí mismos como para hacer un desarrollo que vaya más allá y que tienen pánico de debatir entre ellos.