El destape de la cana porteña

La teoría del fruto del árbol envenenado es una doctrina jurídica que plantea la invalidez de toda prueba obtenida a partir de una acción ilegítima. Todo fruto que nazca de ese árbol indefectiblemente arrastrará consigo el veneno. En el caso de la Policía de la Ciudad, en 2008, la Legislatura porteña aprobó la ley de Seguridad Pública que abrió la posibilidad para que Buenos Aires pudiera tener su propia policía. Por miedo o pragmatismo, el deseo publicitado de una fuerza transparente fue corrompido por la decisión política de entregar la conducción de la Metropolitana (antecedente de la Policía de la Ciudad) a expolicías federales con prontuario, integrantes de las fuerzas durante la última dictadura militar, espías, o efectivos vinculados al robo de vehículos y desarmaderos ilegales.

Ese “pecado original” en la génesis de la policía porteña desterró para siempre el sueño de una fuerza de proximidad moderna y democrática, como demostraron las imágenes de las últimas semanas: represión a artesanos en pleno domingo de San Telmo, cita turística por excelencia; corridas y gases contra el verdurazo de la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT) en Constitución, con palazos a periodistas y fotógrafos incluidos; entre otras.