El destino de Vidal después del 10 de diciembre

Aunque lo mejor es ni pensarlo, el ejercicio es inevitable. María Eugenia Vidal persigue una hazaña mayor a la que se proponen Mauricio Macri, Marcos Peña y los creyentes Defensores del Cambio. La gobernadora de la provincia de Buenos Aires tiene que remontar una diferencia que parece imposible en el territorio madre de todas las batallas, el que más pesa y peor juzga al Presidente y al gobierno de Cambiemos.

Vidal no sólo debe enfrentar a un Axel Kicillof que la superó por alrededor de 18 puntos y obtuvo el 50% de los votos en el bastión de Cristina Kirchner. Además, lo debe hacer sin el beneficio del ballotage que mantiene encendida una luz de ilusión en el primer piso de la Casa Rosada.


Después de ser mencionada como el Plan V que podía salvar al oficialismo nacional de una derrota, con la mejor imagen dentro de la alianza gobernante y una de las más altas entre la dirigencia política, Vidal se encuentra de repente a punto de cerrar su ciclo de manera abrupta. Con un diagnóstico opuesto al de Macri y Peña, la gobernadora les bajó a sus ministros la misma consigna que trafica la Casa Rosada: ir a pelear por la victoria que asoma inalcanzable. “Yo no hago campaña para perder”, les dijo.