martes 17 de mayo de 2022
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El desvelo ruso por Ucrania

Andrey Gromyko es conocido en Rusia como el Patriarca de la diplomacia soviética. El mote no podría caberle mejor ya que se desempeñó como ministro de relaciones exteriores de la Unión Soviética durante 28 años –desde 1957 hasta 1985–, todo un récord para cualquier funcionario de ese calibre. Como tal, encabezó innumerables delegaciones diplomáticas y fue protagonista de los conflictos más renombrados de la Guerra Fría. En el resto del mundo, sus colegas lo apodaron maliciosamente como Míster Niet (“El señor no”), por su intransigencia a la hora de cerrar compromisos y defender las posiciones de su país. Sin embargo, como recuerda su hijo Anatoly, el diplomático supo guiarse durante toda su trayectoria por una regla de oro: “Es mejor que haya diez años de conversaciones que un día de guerra”.

La frase resuena hoy con fuerza cuando la amenaza de un conflicto armado real se posa sobre dos ex repúblicas soviéticas –Rusia y Ucrania–, involucra a la OTAN y tiene en vilo al mundo. La situación es inestable y todos los análisis que se escriban al respecto pueden cambiar en un instante. Hasta el momento, se puede remontar el (re)inicio de la crisis a noviembre de 2021, cuando el gobierno ruso desplegó más de 100.000 soldados en la frontera ucraniana (y posteriormente algunas tropas más dentro de Belarús). Esta operación fue leída por la comunidad internacional como una inminente invasión y enseguida comenzaron los intentos diplomáticos para evitar la guerra.

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