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domingo 26 de septiembre de 2021
Cursos de periodismo

El discurso de Alberto: viejos temas, nueva música

Alberto Fernández lo señaló primero: un año atrás, su primer discurso ante la Asamblea Legislativa como Presidente de la Nación se realizaba unos pocos días antes de la declaración oficial de pandemia por parte de la Organización Mundial de la Salud. Alberto –y la política argentina en su conjunto- tocaban sus propios temas. Eran, sin saberlo aún, teloneros de la gran crisis mundial que se avecinaba. En ese entonces, todavía resonaban los compromisos iniciales del Frente de Todos como artefacto político y de Alberto como candidato: el “Volver mejores”, que se traducía en un esfuerzo deliberado por evitar los peores errores del ultimo cristinismo; un esfuerzo regeneracional tanto interno (al peronismo) como externo (a la misma clase política oriunda del 2001). De esa doble tarea política fue emblemática la recuperación simbólica de Raúl Alfonsín, una figura que permitía no sólo referenciar en un personaje histórico conocido por todos la naturaleza del peronismo presidido por el “profesor de la Facultad de Derecho”, sino también construir un lazo entre sectores internos del universo cultural cristinista (sobre todo, el no peronista) y lo que existía mas allá de las fronteras del peronismo. El verano alfonsinista de Alberto, que tuvo su despliegue máximo en aquella sesión de marzo del 2020, remitía a esta voluntad política hoy fenecida, y que pudo graficarse de manera cristalina en el discurso del 2021.

Alberto Fernández terminó de confirmar el abandono de la creatividad de sus búsquedas previas e interpretó ayer el manual más o menos básico de la Argentina del sistema político de la grieta. Ni más ni menos que eso. Mucha –retomando el concepto del escritor Martin Rodriguez- “oposición de la oposición”, y mucha judicialización: un juego de frontón naturalmente galvanizador de la propia coalición, que funciona muy bien en ausencia de un norte o rumbo propio más definido. Un ejercicio que el propio macrismo facilita con sus tanáticas marchas con horcas y bolsas de cadáveres, la suelta de trolls en el mismo recinto, las 24hs de transmisión de Majul TV y, mucho más relevante, con la persistente “centralidad de Mauricio” que recuerda a otras persistencias. El macrismo parece haber encontrado en la rekirchnerización del presidente un atajo para evitar su propio mea culpa ante el colapso económico y financiero que generó. En ese sentido, Alberto acierta al poner el dedo en la llaga de la oposición, ante la ausencia de una autocrítica de la Era Macri que nunca existió.

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