lunes 26 de septiembre de 2022
Cursos de periodismo

El discurso del método

Están las modas, están las profesiones, están los oficios, están las éticas y está todo lo demás. Está también el carnaval en el que todo se mezcla. El periodismo es un oficio para cualquiera: si estás adelante de un micrófono, en una redacción o publicás en cualquier pasquín, estás haciendo periodismo. Te consideres ensayista, médium, intelectual o intermediario de almas. Hay periodistas ocasionales, periodistas de planta permanente, periodistas de cultura, periodistas de espectáculos, periodistas que dicen cómo debe ejercerse el oficio, periodistas que dicen cómo debe destruirse el oficio, periodistas que citan las diatribas antiperiodisticas de Karl Kraus mientras escriben en un diario, periodistas que nunca se van, periodistas que nunca debieron haber llegado. Pero el periodismo existe. Para bien o quizás para mal. Y se lo discute. Y no solo en los medios.

La reciente (y pequeña) polémica va de una entrevista de Tomás Rebord, un periodista que, según dice, no se autopercibe periodista. El caso es que Rebord, que no pasa los 30 años, conduce desde hace un tiempo su propio programa de reportajes. Sale por Youtube, se llama “El método Rebord” y reproduce un formato antiguo que algunos consideran nuevo. En apenas un par de años, Rebord entrevistó a personajes tan disímiles como Carlos Vladimiro Corach y Jorge Altamira (que no coinciden ni siquiera en el aprecio a los nombres Carlos y Vladimiro), a Mayra Arena y Jorge Asís, a Franco Rinaldi y Carlos Maslatón, a Ofelia Fernández y a Carlos Pagni. Sus entrevistas no parecen hechas para descubrir “verdades ocultas”, sino para que cada invitado relate su propia mentira. El método Rebord es, en realidad, una invitación a la autonarración. El joven no molesta ni incomoda a su entrevistado, no lo contradice y no busca ponerlo en apuros. Es más, tiende, a veces, a adularlo y a seguirle la corriente. “Contame más de la tuya”, parece pensar, mientras pregunta, a veces sin saber, como un curioso. Y el formato –bien o mal (eso es materia opinable)— funciona.

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