domingo 2 de octubre de 2022
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El ejercicio físico es el «medicamento» perfecto: ¿deberían los médicos recetarlo?

Si el ejercicio físico fuera una pastilla, no habría médico que no la recetara. Reduce el riesgo de mortalidad por todas las causas, la cardiopatía isquémica, la enfermedad cerebrovascular, la hipertensión arterial, el cáncer de colon y mama, la diabetes tipo 2, el síndrome metabólico, la obesidad, la osteoporosis, la sarcopenia, la dependencia funcional y las caídas en ancianos, el deterioro cognitivo, la ansiedad y la depresión. Esto, y más, con escasos efectos secundarios si la dosis es adecuada.

El sistema de salud británico (NHS, por sus siglas en inglés) va a poner en marcha este año un estudio para comprobar los beneficios en la salud de la población de prescribir ejercicio físico. Según informa The Guardian, la idea es que los médicos de primaria se encarguen de recetar deporte dentro de un programa de “prescripción social” de actividades que no pasan por tomar fármacos, con el objetivo de reducir la carga del sistema. Suena bien, en teoría. Pero el ejercicio físico no es una pastilla. No basta con que un médico lo recomiende para que el paciente se la tome.

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