viernes 16 de noviembre

El espía que se infiltró en el Estado Islámico

El conductor estaba sudando mientras su camioneta blanca marca Kia recorría una autopista de Bagdad cubierta por la lluvia camino hacia un vecindario lleno de mercados al aire libre.

Con cada sacudida y cada vuelta, se aceleraba su pulso. Ocultos en el chasis de la camioneta se encontraban 500 kilogramos de explosivos de grado militar que el Estado Islámico planeaba utilizar en un intrépido ataque contra los compradores en la víspera de Año Nuevo en la capital iraquí.


Un conductor imprudente en las carreteras notablemente caóticas de Irak podría golpearlo, y por accidente detonar la bomba. Un enfrentamiento en uno de los frecuentes puntos de control en Bagdad podría llevar a un tiroteo y así encender una bola de fuego infernal.

Pero había otra razón por la que estaba asustado. El conductor, el capitán Harith al Sudani, era un espía.

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