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miércoles 28 de octubre de 2020
Periodismo . com

El éxodo centroamericano teme más al hambre que al coronavirus

Las medidas de confinamiento derivadas de la pandemia por COVID-19 convirtieron a Centroamérica en una olla a presión. Dos semanas después de la reapertura de las fronteras terrestres y a un mes de las elecciones en Estados Unidos, la semana pasada cientos de personas volvieron a ponerse en ruta desde San Pedro Sula, en Honduras, hacia la frontera norte de México. El éxodo centroamericano salió de su cuarentena.

Nadie debería estar sorprendido. Las razones por las que estas familias vuelven a exponerse no han variado: altísimos niveles de violencia y una situación económica desoladora. Pese a que se ha reactivado la retórica que busca una mano negra tras las caravanas, impulsada por analistas en Estados Unidos y por el presidente mexicano, Andrés Manuel Lopéz Obrador, no hay pruebas de ello.

Virginia, quien viajó desde Honduras a El Corinto, entre Honduras y Guatemala, junto a su hermano, su esposo, y sus tres hijos de 11, cuatro y dos años, explica sus razones para migrar: “Tengo de no trabajar desde que empezó esto del virus. Lo he intentado en las maquilas, pero paso las pruebas, me dicen que me llaman y nunca lo hacen. Hay que comer y no hay trabajo”.

washingtonpost.com  (www.washingtonpost.com)