El final de Macri y la traición a la esperanza empresaria

A Mauricio Macri se lo comparaba con Juan Domingo Perón y Arturo Frondizi, a Marcos Peña se lo definía como el “Kennedy argentino”, a Cambiemos se lo veía como una “oportunidad histórica”. Fue hace apenas dos años, aunque parezca una vida. Pese al respaldo inigualable que demostró, la alianza conducida por el PRO se consumió en el poder mucho antes de lo que se esperaba y vuelve, a partir de ahora, a depender del fracaso ajeno. Macri no pudo cumplir la misión que le habían encomendado, duplicó una inflación que ya era alta, llevó la pobreza al 40%, dejó el ajuste a mitad de camino y fracasó con la tarea ambiciosa de erradicar al populismo. Al contrario, su mandato sirvió como ayudamemoria para una parte de la población, la que le dio el triunfo a la oposición peronista.

Diez millones de votos es una enormidad para un Presidente que trajo más decepciones que alegrías, incluso entre sus propios votantes. Expresan la convicción irreductible de la iglesia antiperonista antes que la identificación plena con el desempeño del renacido de Barrio Parque. Alberto Fernández tendrá por delante una “tarea ciclópea”, como anunció su compañera de fórmula, en la rara noche de una victoria que se vivió con espanto, ante una fuerza que se creía extinguida y todavía respira. Al presidente electo le sobrarán aliados y lobbys cruzados que buscarán influir sobre sus decisiones en beneficio propio. Lo demuestra la llamada de Donald Trump y los intentos de los fondos de inversión por ganar rápido con el nuevo peronismo, pero sobre todo la temporada intensa de garrocha de los empresarios locales. El textil liberal Teddy Karagozian y el oficialista permanente Rubén Cherñajovsky fueron los primeros en anunciar inversiones que tenían demoradas. Contra lo que se suponía, empiezan a aparecer los hombres de negocios que asociaban la incertidumbre con Macri: no con su rival.