El fotoperiodismo trata de adaptarse a las nuevas reglas del juego mediático en el siglo XXI

Porque en aquellos kilómetros cuadrados había nacido una lengua propia o al menos un campo semántico que no existía más allá de sus límites: “En total pasé prácticamente un año, y tal vez gracias a mi formación como lingüista me obsesioné con las palabras de frontera que solamente usaban ellos”.

De esa obsesión y de su relación personal con quienes intentaban cruzar la frontera de noche nació más tarde el documental Password: Fajara, que comenzó sola y acabó con Patricia Sánchez Mora, y ha sido seleccionado y exhibido en festivales de todo el mundo. A través de una cámara de visión infrarroja —que recuerda la de caza nocturna— asistimos a los conflictos de esos seres fronterizos en un momento clave de sus vidas. En lugar de acceder a ellas mediante encuadres perfectos y alta definición, lo hacemos atravesando testimonios precarios e imágenes granuladas.


En su célebre ensayo “La macchia de Google” (incluido en Cosas conocidas y extrañas), Teju Cole distingue entre dos grandes formas de entender la fotografía en nuestra época: “Las fotografías que celebran algunas instituciones, pongamos el Premio Pulitzer o el World Press Photo, se consideran irrelevantes y retrógradas desde el punto de vista de otras instituciones, digamos el Deutsche Börse Prize o el MOMA”.