El fútbol se está convirtiendo en un deporte cada vez más aburrido. La ciencia lo avala

A principios de la pasada década, un mensaje comenzó a proliferar en los diversos estadios de Italia: «Odio eterno al calcio moderno». Avistada en los partidos del Brescia y de la Salernitana, la pancarta condensaba una nostalgia por los tiempos pretéritos de transistor, césped desconchado y equipos de barrio. Por el fútbol perdido, mitológico o no. Desde entonces se ha convertido en el mantra de todos aquellos que apuntan hacia una perversión económica del espectáculo, una que, a medio plazo, ha convertido a los partidos en elementos aburridos y predecibles. ¿Pero hay algo de realidad en tan amarga queja?

Resulta que sí. Un estudio elaborado por Victor Martins Maimone y Taha Yasseri ha tratado de acotar desde el método científico la calidad del espectáculo futbolístico durante la última década. Veredicto: ha ido a peor. Los investigadores se han valido de un complejo modelo predictivo que ha asignado una probabilidad determinada a que un resultado (victoria o derrota) se dé entre dos equipos, ya sea en el estadio del uno o del otro. Los partidos son hoy más fáciles de predecir, en gran medida por la desigualdad económica que separa a los clubes más poderosos (ocho de ellos los más valiosos del mundo) y a los más humildes.