lunes 28 de noviembre de 2022
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El futuro de nuestro rostro según Modigliani, Daft Punk y Kim Kardashian

Vivimos en la era del selfie. Las caras dominan nuestra sociedad y nuestra cultura. Dominan nuestras jerarquías sociales y nuestras expresiones artísticas. Pero si miramos la historia del arte, los seres humanos no siempre hemos estado tan obsesionados con nuestro rostro . De hecho, las primeras manifestaciones artísticas no los contenían. En la Cueva de Altamira no vemos las caras de los pintores ni de los habitantes de las comunidades nómadas del paleolítico, sino que encontramos animales: bisontes, caballos, ciervos y jabalíes. El figurativismo y el grado de atención al detalle del arte rupestre nos muestra que tenían destreza suficiente para retratarse, pero las hipótesis de por qué no lo hicieron son varias: una, que pintaban para recordar; otra, que retrataban a los animales para propiciar su caza a través de la magia simpatética; y otra más, que a través del bisonte y el caballo representaban la dualidad hombre-mujer.

Una más de estas hipótesis aparece en las pinturas rupestres de la Cueva de las Manos de la Patagonia argentina. En ellas, un integrante de los tehuelches se pintó el borde de la mano izquierda dejando plasmada su huella. La identidad para los antepasados no estaba, como a día de hoy, en nuestro rostro, sino en la mano creadora. Esa era la firma .

Los primeros retratos de las civilizaciones del Antiguo Egipto fueron de dioses y gobernantes. Solo con la llegada de nuestra era, a partir del siglo II d.C., surgieron las primeras representaciones de rostros de gente particular en los retratos de El Fayum. Estos se pintaban en tablas de madera y se colocaban encima de las momias para recordar al muerto dando comienzo a la “democratización del retrato”, un proceso que ha llegado hasta nuestros días y que ha cambiado la manera en la que nos vemos y nos ven .

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