El gaming no es jugar a la play hasta la madrugada

La noticia llegó a todos los medios: un argentino, Thiago “King” Lapp, ganó 900 mil dólares en el Mundial de Fortnite por salir quinto. Con 13 años nunca había salido del país hasta que viajó a Nueva York para jugar este torneo. El campeón fue el estadounidense Kyle Giersdorf, de 16, que se llevó más de 3 millones de dólares, premio superior al de Novak Djokovic por ganarle la final de Wimbledon a Roger Federer o a la bolsa que se llevó el Chino Maidana en su segunda pelea contra Floyd Mayweather Jr.

Captada la atención por las cifras de los premios, los Esports entraron de lleno en las casas de los argentinos: “hay un pibito que ganó casi un palo por jugar jueguitos”, “elegimos la profesión equivocada: era jugar a la play”, “y yo laburando 9 horas en una oficina” fueron algunas de las frases que se repitieron por esos días. También fue noticia el recibimiento a King en Ezeiza o la cantidad de dinero que podría retenerle la AFIP. Pero poco se habló de los deportes electrónicos en sí, lo que aumentó los prejuicios que tanto les molestan a los gamers: “Se piensan que por dedicarte a esto sos un granoso que está todo el día comiendo mierda, que no cuida su físico ni su vida social”, dice Gonzalo García, dueño de Furious Gaming, uno de los equipos más grandes de Argentina.