El giro de una cúpula militar cortejada por el presidente Evo Morales

Uno de los factores clave de la caída del presidente de Bolivia, Evo Morales, ha sido el papel pasivo que adoptaron las Fuerzas Armadas, que decidieron “no enfrentarse al pueblo”, primero, y que, después, pidieron la renuncia del mandatario. Este hecho es paradójico, porque los militares han sido sistemáticamente cortejados por Morales y su Gobierno, que les ayudó financieramente, les cedió espacios de la Administración del Estado, como la aeronáutica, aumentó su presupuesto y mantuvo excelentes relaciones con sus comandantes, el último, Williams Kaliman, incluido, quien fue criticado por sus halagos a Morales, que los oficiales consideraban “su presidente favorito”.

Morales se reunía cada lunes con el alto mando militar y participaba con gran entusiasmo en los desfiles y las actividades militares. También incorporó a los soldados a diferentes tareas sociales del Estado, como la distribución de bonos y programas de riego. El Gobierno de Morales apoyó fuertemente a las empresas militares, bajo la concepción nacionalista del Ejército como columna vertebral del desarrollo nacional.


Incluso en el momento de renunciar, Morales y su vicepresidente, Álvaro García Linera, evitaron recriminar a los militares por su inacción, mientras que sí criticaron a “sectores de la Policía” que dejaron de actuar ante las protestas populares.