miércoles 14 de noviembre

El Gobierno como oposición de la oposición

¿Cuál es el tema de la política hoy? ¿El minuto a minuto del dólar? ¿El ajuste y amanecer todos leyendo el Boletín Oficial a ver quién perdió? ¿Cuánto mide CFK, si Tinelli pasa a la política, si Macri frena su caída en las encuestas, si Bonadío hace confesar hasta el último orejón del tarro de la recaudación? El gobierno necesita que la grieta política tape la fractura social. La grieta, ese atajo que convierte a todo oficialismo en oposición de la oposición, le ahorra enfrentar la herida real de una economía que no para de caer.

El gobierno tercerizó su mandato: las decisiones económicas las maneja el FMI, la política la organiza Comodoro Py, y el 21 de agosto se movilizó la parte de la sociedad civil que los expresa. Lo dijimos alguna vez: hay una “sociedad movilizada” que preexiste a Cambiemos y que a su modo parió a Cambiemos. Una línea de plazas que empiezan en las del campo de 2008, las del cepo de 2012, las de la muerte de Nisman de 2015, y estas. Pero como el macrismo no se narra, no escribe su Historia porque eso sería “antiguo” o “intenso” según sus curadores, estas marchas siempre tienen el rictus no sólo de los que marchan por primera vez sino de los que lo hacen pidiendo que sea la última. Como si dijeran mostrando la pantufla: me hicieron levantar de la cama. La pica entre los protocolos de estas marchas, llamémosle, “republicanas” y las marchas tradicionales de la izquierda o el peronismo es parte del folclore. Que si el choripán, que si el micro, que si la Sube, que si jipis con OSDE, que si cacerolas de teflón, que si espontáneos u organizados. Sí, los de este 21A venían “rodando por Callao”.


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