El golpe blando del Estilo Fernández

Gobernar es persuadir, decía el general Juan Domingo Perón. Y en sus dos meses al frente del Poder Ejecutivo, Alberto Fernández parece haber dado muestras de que, para conducir la coalición variopinta que lo llevó a la Presidencia, piensa aplicar el mensaje del líder del justicialismo al pie de la letra.

Las polémicas por los “presos políticos” y la rebelión de Sergio Berni fueron el ejemplo de la primera turbulencia en el Frente de Todos, en la que Fernández probó su estilo, enfocado en contener, coordinar las diferencias internas y marcar el camino. “Me molesta que digan que tengo presos políticos, porque no los tengo”, cortó el tema de manera tajante el Presidente el lunes, en diálogo con radio Continental.


Para entonces, había dejado pasar casi sin alterarse varios “desajustes” en el discurso oficial. A mediados de enero, el ministro del Interior, Eduardo “Wado” de Pedro, había pedido públicamente por la libertad de Milagro Sala. “No queremos más presas y presos políticos en Argentina”, escribió en su cuenta de Twitter, al cumplirse cuatro años de la detención de la dirigente social. El episodio se resolvió en la intimidad de la Casa de Gobierno, sin mayores complicaciones.