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martes 27 de octubre de 2020
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El imparable auge del «podcast»

UEl caso de Fran y Javier no es el único. Durante la pandemia, Michael Barbaro —presentador de The Daily, el célebre podcast de The New York Times— grabó un episodio conmovedor con Tilly, una niña de 12 años que recordaba a su abuelo recién fallecido por coronavirus. En el Reino Unido, Rachael Bland, una locutora de la BBC, contó en su podcast You, Me and Big C (tú, yo y la gran C, donde C es igual a cáncer) la experiencia devastadora con la enfermedad que acabó con su vida en septiembre de 2018. Este año, uno de los nominados al mejor podcast de marca en The Webby Awards ha sido Road to Resilience, una iniciativa del hospital Mount Sinai de Nueva York que ayuda a los pacientes a luchar contra el agotamiento y el trauma, al tiempo que propicia la construcción de familias y grupos resilientes. Esa condición terapéutica, tribal —de generar comunidades— y, sin embargo, de extraordinaria intimidad, es uno de los muchos motivos por los que el auge del podcasting es definitivo y global.

na de las últimas cosas que Javier Izuzquiza hizo antes de fallecer el pasado 23 de julio tras 120 días en la UCI afectado por la covid-19 fue escuchar el podcast que su hijo Fran le había narrado. Buscando una luz es el título de esta miniserie sonora en la que el locutor y productor Francisco Izuzquiza le cuenta a su padre qué pasó en el mundo y en su micromundo —su familia— mientras estaba en coma. Al final del último episodio, con la huella del sufrimiento todavía perceptible en cada cuerda vocal, Javier, ante la pregunta de su hijo “papá, ¿qué le dirías a toda esa gente que está escuchando el podcast?”, afirma: “No desesperéis. Vivir es la hostia, la bomba. Hay que luchar hasta el final”.

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