El inventor de Macri Gato: “No creo que se pueda sacar el apodo”

Dos muchachos, robustos y de espaldas grandes, piden permiso a los empujones. Están entrando en la platea lateral de la cancha de Arsenal de Sarandí y saben que llegan un poco tarde. Sería una lástima, piensan, que por unos minutos de demora no pudieran hacer ostentación del trapo que diseñaron. Aunque asumen que no son los únicos con tanto ingenio –en las inmediaciones de Avellaneda vieron varias remeras, stickers y pines similares–, intuyen que nadie se animó a hacer una bandera. Cuando consiguen atar los nudos al alambrado del estadio, todo el costado derecho del abarrotado campo festeja la avivada con aplausos y gritos. Con un poco de suerte, piensan, quizás hasta la misma Cristina Kirchner vea la sábana blanca de varios metros a la que le pintaron bien grande “Macri gato”.

Esa frase, hoy popular, es como una mamushka del español. Como las tradicionales muñecas rusas, el “Macri gato” encierra muchos significados: a primera vista es un insulto al Presidente, pero también se usa como chiste, latiguillo, protesta, festejo, piropo e incluso inspiró varias canciones.