miércoles 20 de febrero

El juego del Gobierno con el calendario electoral que aterra al peronismo

El tono de la conversación en la cúpula pasa por consignas de este tipo: 1) hay que repetir el 2015; no da para más, o sea precipitar un ballotage con lo que se tiene y tratar de ampliar la diferencia de ese año, que superó apenas el 2 % de los votos. ¿Se logra eso en los 29 días que hay entre la primera y la segunda vuelta? Mejor ir preparándolo desde ahora, buscando alianzas para un eventual gobierno, que supongan un loteo de ministerios comprometido por adelantado.

Aquí se separan las aguas entre los puros y los heterodoxos, los que quieren cerrar las compuertas, más cerca del marcopeñismo de la mesa chica, y los aperturistas. 2) Lo que no hay que repetir es el 2016. Esta vez quizás convenga cerrar filas en torno a un acuerdo que permita hacer lo que no se pudo: reforma previsional y reforma laboral.


Lo ofrecieron Ernesto Sanz y Miguel Pichetto a Olivos, apenas asumió Cambiemos, pero aquella vez lo rechazaron. Un acuerdo de ese tipo es lo único que, en la lógica del gobierno, puede asegurar las condiciones de recuperación para un país que tendrá algo parecido al déficit cero (si no se cuentan las retenciones con plazo fijo, la suspensión de la actualización de balances por inflación y los intereses de la deuda, que suman algo así como 4,5/5% del PBI) y todas las provincias menos, una, con superávit fiscal.

Para simplificar del todo: al gobierno le preocupa más el 2020 que el 2019, que ya está jugado. Con esa música bailan las encuestas y las carpetas que intercambian los responsables de acercarle a Macri alguna solución que le aclare el futuro. Al final, la política es una mezcla de simplificación, fatalismo y manipulación del otro.

La gestión, que justifica la existencia de la política, es algo secundario porque lo primero es lo primero: la gobernabilidad, tener poder, conservarlo, nunca perderlo. Eso explica los extremos de optimismo que gana en los cuarteles a medida que se acercan las elecciones, y que quienes gobiernan actúen como si ya hubieran ganado. De otra forma, apenas estarían ocupándose de hacer las maletas.