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miércoles 20 de octubre de 2021
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El laborismo noruego en la encrucijada petrolera

El triunfo del Partido Laborista noruego en las elecciones del 13 de setiembre pasado puso fin al gobierno conservador más extenso de la historia del país. Durante ocho años, la coalición conservadora liderada por Erna Solberg incluyó durante buena parte de su mandato a la ultraderecha racista del Partido del Progreso y trabajó en acotar los alcances del Estado de Bienestar. Su sucesor, Jonas Gahr Støre, se suma así al resto de los países nórdicos, gobernados todos por distintas coaliciones socialdemócratas, en lo que constituye una inusual marea «rojo suave». La última vez que Noruega, Finlandia, Dinamarca y Suecia fueron gobernadas por primeros ministros socialdemócratas fue en 2001. Y si se agrega Islandia, esto no sucedía desde la década de 1950.

O sino: el laborismo noruego, fundador de uno de los Estados de Bienestar más exitosos de la historia, volvió al gobierno de la mano de Jonas Gahr Støre, un millonario del ala derecha del partido que inició su carrera en contacto con los conservadores y que fue canciller del gobierno laborista que impulsó la ola de privatizaciones a comienzos de este siglo. Con el 26,3% de los votos, Støre llevó al laborismo a su segunda peor elección en un siglo. Sobre esa base precaria, tratará, no obstante, de formar gobierno manteniendo su promesa de no integrar al Partido Rojo, ubicado en la izquierda radical, ni a los ecologistas del Partido Verde.

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