El lado oscuro de la ropa «vegana»: microplásticos, tejidos contaminantes y consumo rápido

La industria de la moda, como tantas otras, atraviesa una fase de transformación y revisión. Su impacto medioambiental, uno de los más elevados de cuantas economías mundiales existen, es objeto de hondos debates. En el camino, numerosos fabricantes han optado por promocionar sus productos bajo una etiqueta de creciente audiencia: «veganos». Prendas elaboradas con productos sintéticos o naturales en cuya fabricación no se ha utilizado a animal alguno. ¿Problema? Puede que su huella medioambiental sea, por ello, más alta.

Dos de las alternativas textiles en el punto de mira: la viscosa (rayón) y el poliéster. Son muy habituales en ropajes que simulan el tacto y la textura de la seda o la lana (ambas de origen animal). Y tienen consecuencias muy perniciosas para el medio ambiente. El poliéster se fabrica a partir del petróleo, y en esencia se compone de microplásticos (causantes del grueso de la contaminación marina). La viscosa se produce de forma sintética en procedimientos muy tóxicos.