martes 7 de diciembre de 2021
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El modelo del revés y la caja de sorpresas China

Nunca como en esta etapa final del gobierno de Cristina los objetivos de la política económica K fueron tan explícitos: aguantar el dólar oficial como ancla, bien atrás de la inflación y de los salarios, intentar recuperar el consumo con la receta clásica del efecto atraso cambiario, dejar en un segundo plano el ‘modelo productivo de matriz diversificada’ con bases en la industria y las economías regionales. Y por sobre todas las cosas que lo arregle el próximo.

Para que la estrategia ‘problema del que sigue‘ funcione hay que cuidar las reservas, de modo tal de esquivar cualquier sobresalto cambiario en el camino. Y echar mano al endeudamiento con el ‘socio’ chino y, si es posible, en el mercado de capitales para no repetir el ajuste del año pasado y financiar una modesta recuperación en el año electoral.

Las reservas ‘reales’ –es decir, para vender en el mercado ante una corrida al dólar– son la mitad de los u$s 31.300 millones que informa el Banco Central. A saber: u$s 3.100 millones corresponden a yuanes del swap con China; u$s 1900 millones corresponden a los bonos ley Nueva York impagos por el bloqueo de Griesa; u$s 2500 millones a deuda exigible de corto plazo con los importadores (automotrices y electrónica de consumo); y u$s 7000 millones son depósitos privados en dólares, que se contabilizan como parte de las reservas.

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