El momento de las disputas educativas

Hoy con decir que uno es docente no alcanza. Parece que hay que aclarar enseguida qué clase de docentes somos: ¿El maestro de Camus a quién éste agradeció por su empeño y su esfuerzo o el docente “aguantador” que trabaja cuatro horas por día, abusa del ausentismo y tiene tres meses de vacaciones? No importa no ser ninguno de ellos. La sociedad te ubica, inexorablemente, en uno u otro lugar. Como dice Mariano Narodowski: “Pueril bipolaridad, totalmente inútil para entender a los docentes reales”. Sin embargo, son dos representaciones sociales que se debate la opinión pública siempre que un nuevo gobierno anuncia los grandes y revolucionarios planes que tiene para el sistema educativo en su conjunto. Ponderar al primero, exterminar al segundo. Cada gobierno que inicia tiene una oportunidad única a este fin. El kirchnerismo, creo yo, la dejó pasar. Con nueva ley de educación, construcción de escuelas, extensión de becas, recursos informáticos, planes alternativos para terminar el secundario y una recomposición del salario docente como pocas veces se ha visto, no logró el cambio que decía buscar. La inclusión generó problemas que hoy es difícil soslayar. El procedimiento: primero metamos a los pibes en el colegio, después vemos como recuperamos el nivel educativo y solucionamos los problemas que esta inclusión genera. La escuela llegó a los barrios marginales con el objetivo de terminar con esa marginalidad. El resultado fue que esa marginalidad se metió en las escuelas y no se fue nunca más. El gobierno no estuvo a la altura de las circunstancias al no generar políticas públicas para resolver los problemas relacionados con la explosión de la matrícula del nivel secundario.

El nuevo gobierno, que suspendió Conectar Igualdad, el Plan Fines, redujo las becas y a esta altura del año aún no cerró paritarias, pretende un cambio sin presupuesto que se apoya en la vocación y el esfuerzo del conjunto de la docencia para sacar a nuestros niños adelante. Ni a Marx se le ocurrió un cambio de espíritu tan grande cuando pensaba en las condiciones para el advenimiento del comunismo. La peregrina idea de Cambiemos sería modificar los estatutos docentes para terminar con el abuso de las licencias, el ausentismo y el poder de los sindicatos, pero sin ofrecernos a los docentes nada a cambio. Nada de lo que implicaría una verdadera jerarquización docente. El procedimiento: primero pónganse a trabajar con lo que hay, después, en el segundo semestre tal vez, vemos como solucionamos la cuestión salarial, los problemas edilicios, la organización de la escuela pública y la capacitación docente. El Plan Maestro ha sido denunciado por su estilo a lo “De Narváez” porque carece precisamente de eso, de un plan, puesto que se queda en una declaración de metas a 5 años sin especificar siquiera cómo se llevarán a cabo ni de dónde van a sacar el financiamiento. Cualquier similitud con los planes quinquenales soviéticos es pura coincidencia. Mientras que en la opinión de Horacio Verbitsky, detrás de la declaración de metas, este plan tendría el objetivo de fondo de derogar la ley de financiamiento educativo y la paritaria nacional docente definitivamente.